martes, 27 de mayo de 2008
domingo, 25 de mayo de 2008
Nada Como el Mar
La actividad diaria sea cual sea provoca profundas contradicciones en algunas personas, el equilibrio constante y somnoliento puede representar en algunos casos un desafío que busque la dignificación, el reconocimiento o la supervivencia. Como dije, eso para algunos; quizás para la mayoría, no para él ni para personas como Agustín Correa, un adolescente de 34 años.
Aquello de estar en el lugar y momento precisos detonó una decisión casi vital, de esas que sorprenden al mismo destino dejándolo con la boca abierta. Luego de encontrarse con un coleguilla de infancia radicado en el pueblo de Trancoso, estado de Bahía, país de Brasil, Agustín hace añicos cualquier manual de procedimientos e indicadores lógicos abortando un promisiorio proyecto laboral y una consolidada relación de pareja a cambio de conseguir aquel pequeño detalle llamado felicidad plena y se larga al país de las garotas, del jogo bonito y el "no stress" el cual le reserva importantes lecciones de vida, de amistades y amores.
"Nada como el mar" es una historia sencilla pero no de Lynch, de verdad es un simple y agradable relato, con paisajes naturales y humanos, con contrastes entre dos paises tan distintos pero con encrucijadas universales. Mi apreciación acerca del valor de esta historia, desde mi humilde tribuna de autor, tiene que ver con una invitación a mirar un poco mas allá de lo que nos hemos acostumbrado a mirar y poder analizar día a día tanto como la rutina misma, el camino que cada uno tomó para luego hacer un aro en la ruta y preguntarnos como vamos, si es que acaso doblamos a la derecha cuando debimos hacerlo a la izquierda, o si es que en realidad vamos a buen destino. Esto nos corresponde, como dije, a cada uno.
Aquello de estar en el lugar y momento precisos detonó una decisión casi vital, de esas que sorprenden al mismo destino dejándolo con la boca abierta. Luego de encontrarse con un coleguilla de infancia radicado en el pueblo de Trancoso, estado de Bahía, país de Brasil, Agustín hace añicos cualquier manual de procedimientos e indicadores lógicos abortando un promisiorio proyecto laboral y una consolidada relación de pareja a cambio de conseguir aquel pequeño detalle llamado felicidad plena y se larga al país de las garotas, del jogo bonito y el "no stress" el cual le reserva importantes lecciones de vida, de amistades y amores.
"Nada como el mar" es una historia sencilla pero no de Lynch, de verdad es un simple y agradable relato, con paisajes naturales y humanos, con contrastes entre dos paises tan distintos pero con encrucijadas universales. Mi apreciación acerca del valor de esta historia, desde mi humilde tribuna de autor, tiene que ver con una invitación a mirar un poco mas allá de lo que nos hemos acostumbrado a mirar y poder analizar día a día tanto como la rutina misma, el camino que cada uno tomó para luego hacer un aro en la ruta y preguntarnos como vamos, si es que acaso doblamos a la derecha cuando debimos hacerlo a la izquierda, o si es que en realidad vamos a buen destino. Esto nos corresponde, como dije, a cada uno.
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